EFECTOS FISIOLÓGICOS DEL ENVEJECIMIENTO Y CAPACIDAD PARA TRABAJAR: HACIA LA PROMOCIÓN DEL ENVEJECIMIENTO SALUDABLE ACTIVO. Dr. Guillermo Soriano Tarín. Especialista en Medicina del Trabajo. Coordinador del Área de Medicina del Trabajo, Wellness by Work en SGS Técnos SA.

 

APROXIMACIÓN AL CONCEPTO DE ENVEJECIMIENTO Y SU MAGNITUD

Como decía Arthur Schopenhauer (1788-1860), los primeros cuarenta años de vida nos dan el texto y los treinta siguientes el comentario. Después de 150 años, diríamos que los primeros 55 años de vida dan el texto y los treinta siguientes el comentario, que es el tema que pretendo desmenuzar a lo largo del presente artículo.

Si el siglo XX fue bautizado como el siglo de las siglas, el siglo XXI claramente es el siglo de las cifras, y respecto al envejecimiento no va a ser menos, los datos son contundentes.

El envejecimiento podemos definirlo como el conjunto de modificaciones morfológicas, fisiológicas y psicológicas que aparecen en los individuos como consecuencia del paso del tiempo, produciendo una involución de las capacidades físicas que origina un deterioro del estado físico y una reducción de la funcionalidad personal.

La mayoría de los países desarrollados están experimentando un proceso sin precedentes, como es el progresivo envejecimiento de la población, con el aumento de los trabajadores de edad comprendida entre los 50 y 65 años. El envejecimiento de la población puede considerarse un éxito de las políticas de salud pública, pero también constituye un reto para la sociedad y las organizaciones, que deben adaptarse a ello para mejorar al máximo la salud y la capacidad funcional de las personas de edad, así como su participación social y su seguridad. Igualmente, en el informe europeo Working conditions of an ageing workforce, se sostiene que para intervenir y limitar la salida anticipada del mercado laboral de los trabajadores maduros, la edad clave en las medidas de prevención e intervención constituye la de aquellos trabajadores que están en el tramo entre los 45 y los 54 años.

En muchos países en desarrollo se estima una evolución similar. Los trabaja­dores de edad son más vulnerables a determinados riesgos, como a elevadas exigencias físicas o mentales, enfermedades infecciosas, trastornos del sistema osteomuscular o «turnicidad». Entre los ejemplos de acci­dentes y lesiones más habituales entre los trabajadores de edad se cuentan las caídas debidas a un mal equilibrio, a un mayor tiempo de reacción, y problemas visuales, las lesiones debidas a distensiones y esguinces como consecuencia de la pérdida de fuerza, resistencia y flexibilidad. También es más probable que en este grupo se dé una mayor incidencia de enfermedades con un largo período de latencia, como el cáncer profesional.

Por otro lado, cuando los trabajadores de edad tienen accidentes, sus lesiones suelen ser más graves y también puede que necesiten más tiempo para recuperarse. Por lo tanto, es necesario adoptar políticas y prácticas sólidas en materia de prevención de riesgos laborales que inviertan en la seguridad, la salud y el bienestar de los trabajadores durante toda su vida laboral, para mantenerlos empleados más tiempo y mejorar su bienestar.

Una estimación realizada por la Comisión Europea en su informe The 2012 ageing Report, prevé el aumento de la participación en el empleo de los mayores de 55 años de aproximadamente uno de cada diez trabajadores en 2010, a uno de cada cuatro en 2030.

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La Organización para el Desarrollo y Cooperación Económica estima que en sus 24 países miembros, entre los que se incluye España, la proporción de trabajadores con edades entre 45 y 64 años respecto a la población total de trabajadores (de 14 a 64 años) pasará del 32% de 1980 al 41,3% esperado para el 2025.

Como consecuencia, la mayor parte de los países desarrollados están experimentando un proceso sin precedentes, como es la transformación demográfica y el progresivo envejecimiento de la población, con el aumento de los trabajadores de edad comprendida entre los 50 y 65 años, debido a una mayor esperanza de vida, y al descenso de las tasas de natalidad, lo que conlleva – por motivos de sostenibilidad del sistema – a prolongar la vida laboral y retrasar la edad de jubilación.

Si tenemos en cuenta que según todas las proyecciones demográficas el 30% de la población activa tendrá entre 55 y 64 años en 2030, el problema, si no hacemos nada, alcanzará dimensiones dramáticas.

Uno de los objetivos establecidos en la Unión Europea en materia de empleo es contar con una población trabajadora cuya edad comprendida entre los 20 y 64 años represente un 70% del total. Resulta necesaria en este sentido la implementación de acciones preventivas que sean sensibles con este perfil de trabajadores, así como otras orientadas a promover el bienestar de los trabajadores y las trabajadoras en cada edad.

Sin embargo, el 27% de los trabajadores de la Unión Europea considera que no podrá seguir haciendo el mismo trabajo hasta los 60 años de edad. Por ello, es necesario desarrollar acciones preventivas enfocadas a la diversidad de los trabajadores que eviten el abandono prematuro de la vida laboral, y otras medidas que permitan gestionar la discapacidad, la rehabilitación y la reincorporación al trabajo. En nuestro país, según los datos de la VII Encuesta Nacional de. Condiciones de Trabajo (VII ENCT), esta cifra alcanzaría al 34,7% de los trabajadores.

El 69% de los trabajadores de la UE-27, tienen un rango de edad entre 20-64 años. El 77% de los trabajadores con edades comprendidas entre los 15 y 64 años, refieren un estado de salud bueno o muy bueno, un 18% regular y un 6% restante malo o muy malo. Sin embargo, estos porcentajes se modifican significativamente conforme aumenta la edad, tal como vemos en la grafica siguiente:

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Según los resultados del mismo estudio, un 19% del total de fallecimientos producidos en la EU-27, corresponden a trabajadores en edad de trabajar. Las principales causas son el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y los accidentes. El 72% de las muertes por cáncer y enfermedad cardiovascular se producen en el grupo de edad entre 60-64 años, mientras que las derivadas de accidentes, el 64% se producen entre trabajadores de 15 a 29 años.

Todos estos elementos han justificado sobradamente que la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA) haya elegido como lema y temática de la Semana Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo que acabamos de celebrar, el de Trabajos saludables en cada edad, cuyo fin es concienciar sobre la necesidad de garantizar la prevención de riesgos laborales en el Marco Estratégico de la Unión Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo 2014-2020.

Este año la campaña responde a uno de los principales retos a los que se enfrenta Europa en el futuro próximo. Con una población cada vez más envejecida y con el retraso de la edad de jubilación, nos encontraremos con trabajadores con problemas de salud crónicos y necesidades específicas, sobre todo en los puestos que implican una elevada carga de trabajo físico y mental. Ante esta situación se hace más necesario que nunca garantizar unas condiciones de trabajo seguras y saludables desde el inicio de la vida laboral, promoviendo el trabajo sostenible y el envejecimiento saludable activo, compartiendo el conocimiento de soluciones reales y buenas prácticas dirigidas a empresarios y trabajadores, principales agentes interesados en una vida laboral saludable y sostenible en el tiempo.

La mano de obra europea está envejeciendo. La edad de jubilación está aumentando y la vida laboral tiende a prolongarse. Trabajar es bueno para la salud física y mental, y una buena gestión de la seguridad y la salud en el trabajo incrementan la productividad y la eficiencia. El cambio demográfico puede suscitar problemas, pero garantizar una vida laboral sostenible contribuye sin duda a hacer frente a estos retos.

Por ello ante este reto es prioritaria una gestión de la seguridad y salud desde un enfoque multidisciplinar. Las condiciones en las que se desarrolla la vida laboral afectan a la salud en edad avanzada. Es hora de considerar la edad como un factor de diversidad, prestando especial atención a los trabajadores más vulnerables, como lo son los empleados mayores y a tenerlo en cuenta tanto en las evaluaciones de riesgos como en las adaptaciones de los puestos de trabajo. La diversidad se aborda prestando atención a las exigencias del trabajo en relación con las capacidades individuales y la salud del trabajador a lo largo de su vida laboral.

Esta nueva situación en Europa, cuyo impacto es mayor si cabe en nuestro país, debe ir acompañada de estrategias para adaptar la organización del trabajo, las tareas y las condiciones de trabajo a las especiales características de este colectivo de trabajadores adultos, mediante programas que incluyan, entre otras, medidas como el desarrollo de sistemas de trabajo que ayuden a este colectivo a ejercer eficazmente sus capacidades, flexibilización y diversificación de las condiciones de finalización de la actividad profesional o la adaptación del diseño ergonómico de los puestos de trabajo y de las condiciones de trabajo a las necesidades y capacidades de este grupo, y cuando todo esto no sea posible, el establecimiento de coeficientes reductores en determinados puestos de trabajo.

EFECTOS FISIOLÓGICOS DEL ENVEJECIMIENTO Y LOS RIESGOS LABORALES

Si consideramos los riesgos laborales como un producto de la interacción entre el trabajador y el medio de trabajo, debe reconocerse que no sólo la actividad en sí misma sino otros parámetros como la edad pueden tener incidencia en la generación o aumento de estos riesgos.

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La evidencia científica pone de manifiesto que el proceso natural del ciclo vital va a suponer para muchos trabajadores a partir de cierta edad una merma o dificultad en su capacidad de trabajo; especialmente en aquellas tareas que requieren una importante movilización de facultades físicas (fuerza muscular, sobreesfuerzos, riesgo postural, capacidad cardiovascular y respiratoria, etc..) o que suponen una alta carga sensorial, que exige un elevado nivel de destreza manual o rapidez en la emisión de respuestas, derivado, como analizamos en profundidad más adelante, de un deterioro de sus funciones motrices, sensoriales y cognitivas, con un desajuste entre los requisitos psicofísicos de determinados puestos de trabajo y las aptitudes o capacidades psicofísicas de los trabajadores.

Al mismo tiempo, se ha puesto en evidencia que ciertos hábitos saludables – como la práctica del ejercicio físico de manera regular – mitigan los efectos adversos del envejecimiento, reduce el riesgo de enfermedades crónicas y mejora la calidad de vida, haciendo de este recurso uno de los pilares más importantes en los programas que requieren una implantación de hábitos saludables. En concreto, la implementación de estrategias de promoción de la salud en el lugar de trabajo que contribuyan a mejorar el método de organización del trabajo, la mejora del entorno, el fomento de la participación activa de los trabajadores y el desarrollo personal se han mostrado eficaces.

El objetivo de este artículo es analizar en profundidad si el proceso natural del envejecimiento debe considerarse como un factor de riesgo emergente en las estrategias de prevención de riesgos laborales. Como objetivos secundarios se incluyen identificar situaciones laborales de especial exigencia física o intelectual que sólo puedan realizarse durante un periodo de tiempo, analizar la relación entre el envejecimiento saludable activo y la adaptación de las condiciones de trabajo, determinar si el proceso del envejecimiento supone una disminución para la capacidad de trabajo para determinados puestos de trabajo y analizar buenas prácticas realizadas por las empresas e instituciones para mejorar las condiciones de trabajo y la adaptación del puesto a los trabajadores de edad en diferentes sectores de actividad.

El proceso natural del envejecimiento va a afectar en mayor o menor grado a diferentes órganos y sistemas, y por ende, a las capacidades fisiológicas de los trabajadores de edad, como vemos de forma resumida en la tabla siguiente:

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Estos cambios fisiológicos derivados del proceso natural del envejecimiento van a interaccionar con ciertos requerimientos de las tareas desempeñadas por los trabajadores, incrementándose la probabilidad de los efectos adversos sobre la salud, y en especial, en aquellas tareas que requieran ejercicio físico intenso, expongan a los trabajadores a temperaturas extremas, impliquen un incremento prolongado e intenso del ejercicio respiratorio, actividades peligrosas que requieran agilidad y destreza física, un alto nivel de concentración y destreza mental, una óptima agudeza visual o un adecuado sentido del oído.

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Así mismo, con el paso de la edad, se produce un deterioro del rendimiento psicomotor, caracterizado por disminución de la precisión, del control del ritmo, de la coordinación de múltiples extremidades, de la estabilidad mano-brazo, de la destreza de los dedos, en la orientación de respuesta, del tiempo de reacción o en la velocidad de los movimientos.

Como vemos, existe un claro influjo del envejecimiento de los trabajadores en la prevención de riesgos laborales y simultáneamente, una relación entre el envejecimiento con la generación de riesgos laborales, debiendo articular el envejecimiento dentro de la planificación de actuación preventiva presente en la gestión de prevención de riesgos laborales de las empresas.

EVALUACIÓN DE LA CAPACIDAD PARA TRABAJAR Y SU RELACIÓN CON LA EDAD Y OTROS FACTORES DE RIESGO

Como se ha comentado, el proceso de envejecimiento y su eventual impacto sobre las capacidades psicofísicas de cada persona son diferentes. Por ello, se hace necesario valorar de un lado las exigencias psicofísicas en el puesto de trabajo y de otro el posible impacto de dichas exigencias y condiciones de trabajo sobre el deterioro de la capacidad funcional (física, mental o sensorial) para desempeñar las tareas inherentes a este puesto de trabajo de una forma segura y sana, así como el impacto de la edad sobre dicha capacidad para trabajar, dada su relación entre los diferentes factores.

El panorama actual de progresivo envejecimiento de la población trabajadora, ha impuesto la necesidad de contar con instrumentos que permitan una calificación válida y fiable de la capacidad para el trabajo, sensible a las variaciones que ésta va sufriendo con el avance de la edad y el deterioro que pueden suponer las exigencias y las condiciones de trabajo.

El estudio de la capacidad de trabajo, entendida como la capacidad de un individuo para realizar su trabajo con respecto a las demandas y exigencias laborales específicas y a los cambios que ésta va sufriendo a lo largo de la vida, ha estado en el centro de atención de los investigadores dedicados a la salud laboral. Además, aunque las demandas de trabajo a menudo sean las mismas, los trabajadores experimentan cambios en las capacidades físicas y mentales a medida que envejecen.

Para ello contamos entre otras herramientas, con el cuestionario Índice de Capacidad para Trabajar (ICT) o Work Ability Index (WAI) propuesto por el Instituto Finlandés de Salud Ocupacional (FIOH), cuestionario validado de uso habitual para valorar dicha capacidad en el ámbito de la salud laboral, un indicador amplio de la capacidad de trabajo basado en la percepción del trabajador sobre su desempeño atendiendo a las exigencias del trabajo, su salud individual y sus recursos mentales, comparando el balance entre los recursos personales y las demandas del trabajo, y es de especial utilidad en trabajos y profesiones que exigen una alta demanda psicofísica.

Dicho instrumento ha sido ampliamente utilizado por los profesionales de la salud laboral para la investigación en diferentes sectores de actividad, estando validado en 26 lenguas, incluido el castellano. El Aging Committee of the Intenational Ergonomics Association (IEA) así como el Ageing and Work Comittee of the International Commision on Ocupational Health (ICOH,) han constituido importantes plataformas para favorecer el uso de dicha herramienta a escala internacional, siendo el número de publicaciones científicas considerable.

El concepto de capacidad de trabajo desarrollado por el Instituto Finlandés de Salud Ocupacional es definido como la medida en que un trabajador puede desempeñar su trabajo atendiendo a las demandas específicas del mismo, relacionado la salud percibida de forma subjetiva con dichas demandas. Dicho nivel de capacidad de trabajo en la población trabajadora puede predecir tanto la incapacidad permanente, que puede afectar a un trabajador en el futuro, como la duración de la ausencia por enfermedad y la jubilación anticipada por discapacidad u otras causas.

Aunque lo cierto es que muchos trabajadores de edad pueden desempeñar la práctica totalidad de sus tareas de manera satisfactoria, el proceso natural del envejecimiento hace que ciertas capacidades físicas, sensoriales o cognitivas se vean mermadas, produciendo un desajuste entre los requisitos o demandas del puesto y las capacidades de los trabajadores para poder desempeñar los mismos.

Los efectos del envejecimiento son diferentes en cada persona, y está condicionado por distintos determinantes, tales como la carga genética, los estilos y hábitos de vida, la exposición a factores del entorno, etc. La genética representa un 25% del envejecimiento, y el otro 75% depende del ambiente en que estemos rodeados.

No obstante, hay una serie de alteraciones que suelen ser comunes al envejecimiento, y que tienen que ver entre otros con los siguientes aspectos:

  • La pérdida progresiva del sentido de la audición, denominada presbiacusia, que se caracteriza por una pérdida de audición gradual pero significativa que afecta a todas las frecuencias.
  • La pérdida progresiva de la capacidad visual, con su implicación tanto una reducción de la agudeza visual como del campo visual, así como una disminución de la capacidad de adaptación al contraste, color, deslumbramientos, etc.
  • La reducción de la funcionalidad de los músculos, que afecta a la capacidad de adoptar posturas extremas, realizar repeticiones y aplicar fuerza, principalmente debido a una pérdida de la elasticidad muscular, una distensión creciente de los tejidos de sostén muscular y pérdida del tono muscular, y una progresiva pérdida de la fuerza y vitalidad muscular, estimada en un 25% a los 65 años con respecto a los 20 años.
  • Pérdida de la agilidad y capacidad de reacción refleja.
  • Pérdida de la capacidad de asociación de ideas.
  • Disminución de la capacidad inmunitaria frente a las infecciones

Estos efectos del envejecimiento suponen un reto para las empresas, que deben adoptar las medidas necesarias de adaptación de los puestos de trabajo a las características personales y estado biológico de los trabajadores, con el objetivo de promover la salud y potenciar las capacidades de los trabajadores de edad, promoviendo el envejecimiento saludable activo, adecuando las demandas del trabajo a las capacidades de los trabajadores y rediseñando los puestos de trabajo cuando exista un desajuste, para adaptar las demandas y el contenido del trabajo desde un punto de vista físico, cognitivo u organizativo, facilitando la transferencia de conocimiento y la adaptación al cambio de las personas mayores por la incorporación de nuevas tecnologías o modificación de tareas y ayudando a los trabajadores a prepararse para una jubilación activa y saludable.

HACIA LA PROMOCIÓN DEL ENVEJECIMIENTO ACTIVO EN EL TRABAJO

El envejecimiento de la población, tal como hemos visto, supone un reto económico y social, tanto europeo como nacional. Esta evolución demográfica plantea nuevos retos para las empresas y los sistemas de seguridad social. Si no se promueve una mejor salud y bienestar entre la población, las empresas se encontrarán en un futuro próximo con una población trabajadora envejecida y aquejada de alguna enfermedad crónica.

Sin embargo, a ese aumento de la morbilidad en los trabajadores mayores o la disminución progresiva de su capacidad de recuperación, se le han de contraponer las aportaciones de los mismos a la empresa: son los depositarios del saber-hacer (conocimiento empírico), de una experiencia forjada por el conocimiento de las diferentes etapas de la cultura de la empresa. Una pérdida masiva (sea cual sea el motivo) de trabajadores experimentados en una empresa puede suponer un vacío de competencias y la falta de transmisión del conocimiento a trabajadores más jóvenes.

Así pues, en las empresas es importante considerar el posible impacto que estas tendencias pueden tener en la productividad y la retención de talento y la conveniencia de la puesta en marcha de programas que promuevan y aseguren un envejecimiento saludable activo en el trabajo.

El proceso de envejecimiento está influenciado principalmente por tres determinantes: la genética, los hábitos de vida (actividad física, nutrición, estrés, tabaco, etc.) y el entorno (medioambiente laboral y extralaboral), siendo éste último el que más influye en los países desarrollados como el nuestro. Por lo tanto, la promoción de unos buenos hábito de vida y de trabajo y un entorno laboral seguro y saludable tanto física, mental como social y organizativo, que promocione y preserve la salud, desarrolle las competencias y empodere al individuo, refuerce su compromiso con la empresa y favorezca una actitud positiva hacia el mantenimiento del trabajo, redundará para la empresa en un mayor rendimiento y productividad y en la retención de talento y para el trabajador en una mejor salud, calidad de vida y satisfacción en el trabajo.

Las condiciones de trabajo son un elemento determinante en el estado de salud de todos los trabajadores, ya que pueden revelar déficits silentes, acelerar o amplificar los mecanismos del envejecimiento. Las diferencias individuales son numerosas y las relaciones entre envejecimiento y trabajo dependen de la trayectoria vital de la persona, hábitos de vida, naturaleza y duración de las actividades laborales, de las exigencias laborales sufridas, de la motivación y de la formación. En este sentido, podríamos hablar de un envejecimiento funcional y de un envejecimiento biológico o cronológico, que no siempre coincidentes.

Los programas para una buena gestión de un envejecimiento saludable activo en las organizaciones pueden agruparse en los siguientes elementos:

  • Disponer de una estrategia de salud global y resaltar la importancia de la promoción del bienestar y la salud de los todos los trabajadores.
  • Conocer la estructura etaria actual de la plantilla y estimar la estructura que tendrá la organización en 5- 10 años.
  • Incluir una actitud positiva hacia los trabajadores de edad en la cultura de la empresa
  • Los programas de gestión de la edad deben tener simultáneamente en cuenta la individualidad y la diversidad.
  • En la evaluación de la aptitud psicofísica, se debe valorar las capacidades y el desempeño de cada trabajador en función de los requisitos requeridos para su puesto de trabajo.
  • Se ha de fomentar el empleo, la motivación y el deseo de seguir trabajando
  • Se ha de conseguir la máxima competencia del desempeño para todos los trabajadores
  • El entorno organizativo y las condiciones de trabajo han de ser adecuadas, teniendo en cuenta factores ligados a la falta de autonomía que disminuyen o anulan el margen de maniobra que permite al trabajador anticipar tareas y mejorar la organización de su trabajo, los factores ligados a la carga física: carga estática, manipulación de cargas, posturas fijas, repetición, los horarios atípicos que repercuten sobre la calidad del sueño y el nivel de vigilia y los factores ligados a los cambios en la organización, tecnológicos, los procedimientos de trabajo, sobre todo si son bruscos, frecuentes y mal gestionados.

Los objetivos de la promoción del envejecimiento saludable activo son principalmente:

  • Preservar y promover la salud de personas.
  • Conseguir que se mantengan socialmente activos.
  • Crear más oportunidades para los trabajadores de edad para que se mantengan en el mercado laboral.

CONCLUSIONES

El siglo XXI tiene su propia revolución: la demográfica. Una conquista del ser humano, la mayor esperanza de vida, amenaza con tornarse en un tsunami de consecuencias impredecibles al combinarse con la caída de la natalidad en muchos países. El envejecimiento de la población conlleva efectos económicos de primera magnitud que van más allá de la sostenibilidad de las pensiones públicas. Vivimos en medio de la mayor transición demográfica de la historia.

La valoración de la capacidad para trabajar en relación con la edad por parte de los profesionales sanitarios de los servicios de prevención de las empresas, aporta grandes beneficios, ya que es un indicador temprano de los riesgos de discapacidad y abandono prematuro del trabajo, evalúa necesidad de las promoción de la salud en el lugar de trabajo y la eficacia de los efectos producidos por las acciones preventivas llevadas a cabo y facilita la colaboración y participación entre trabajadores y empresarios y puede utilizarse como una base de análisis de coste beneficio de los programas para el envejecimiento saludable en las organizaciones.

El declive de las capacidades funcionales no implica necesariamente que los trabajadores de más edad desempeñen las tareas peor que los más jóvenes, o que el desempeño del trabajo siempre vaya disminuyendo a medida que aumenta la edad. No sólo no significa esto, sino que algunos estudios sobre trabajadores de edad han mostrado que, en ciertos aspectos, los resultados son, al menos, tan buenos como en los grupos de menor edad.

El papel de los servicios de medicina del trabajo en la gestión del envejecimiento saludable activo no puede reducirse a dar la calificación de «apto/no apto» para la realización de una tarea determinada o a pedir cambios de puestos de trabajo.

La promoción del envejecimiento saludable activo implica no solo la valoración de la capacidad para trabajar, sino acción combinada de programas de promoción de la salud en el lugar de trabajo más el diseño y adaptación de las exigencias ergonómicas de los puestos de trabajo y la formación en la gestión del envejecimiento.

 

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